Quiero exiliarme de mí mismo algún tiempo.
Hoy vi claramente, como una revelación, lo bien que me sentaría recluirme por unos días en un lugar alejado, ausente de preocupaciones. Necesito tomar distancia de las cosas y no dedicarme a nada más que actividades primarias y sencillas: comer y dormir, sentir la naturaleza, hablar con desconocidos, recordar a quienes quiero, tomar un café o leer un libro; sin ningún otro compromiso con la vida que no sea dejarme llevar y disfrutar. El objetivo plausible es desinfectar y sanar mi voz interior, tratar de apaciguarla y armonizarla tanto con quien consigo ser como con el inconsciente, esa fosa abisal capaz de engullirlo todo y de producir seísmos tenebrosos. Por suerte, se trata de un viaje que ya he realizado otras veces, un destino conocido, donde la sensación final es de acendramiento y redescubrimiento de mí mismo, de regreso a unos orígenes puros.
Volver a ese mundo prístino interior (que reporta siempre una cierta sensación de dèjá vu) desde un yo adulterado y condicionado por sus vecinos de escalera puede suponer, no obstante, un cambio difícil o imposible de completar. A veces hay que desapegarse mucho de lo cotidiano, de lo seguro, y hay que soportar la dolorosa sensación de desvalimiento, de vulnerabilidad... A veces simplemente no se dan las circunstancias necesarias, y no sabemos por qué. Pero cuando finalmente se produce...
¡Ah, qué bueno cuando se produce! Me siento renovado, desintoxicado. Siento la reciedumbre de la vida y la capacidad de mirar al mundo con seguridad, con confianza. Siento en ese preciso instante que todo lo que necesito para ser feliz está ya conmigo, y la importancia relativa de las cosas aflora.
No hay sensación comparable.
...
Llegados a este fenomenal orgasmo vital alguien podría preguntarse si el hecho descrito es una estupenda y pasajera corrida anímica, o si trasciende la eventualidad, la misma que es propia de las tribulaciones que nos alcanzan cíclicamente a modo de infalible contrapartida. No lo sé, y creo que no ha de importarnos mucho. Puesto que su génesis y desarrollo están condicionados con frecuencia por elemenos sobre los que no podemos influir, tampoco es lógico preocuparse demasiado por su naturaleza, digo yo.
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1 comentario:
¿sí tú puedes comentar en el mío me dejas que yo comente en el tuyo?
Es que como dijiste que no querías ver comentarios...mira si soy ordenadita que borré todos los míos...
Mi alter ego ya no se siente tan solo desde que tú estás ahí.
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