Probablemente te des cuenta tarde de lo mucho que habías deseado en algún momento ser feliz, y de todo lo que ocurrió o hiciste después para separarte de ese objetivo. El tiempo juega en tu contra, estrangulando el cordón umbilical que te conecta con aquellos anhelos.
En ocasiones, un simple olor -¿o es algo más que eso?- te transporta inesperadamente a los viejos tiempos, transmitiéndote una vivificante sensación de añoranza y paz interior, y te sientes de puta madre, orbitas en torno a un mundo prístino de emociones positivas y estimulantes. Deseas aprehender ese momento y retenerlo, porque hallas esperanza en él. Crees haber visto a quien fuiste, y era un ser feliz.
Al producirse este fenómeno reconocemos que aquel pasado era mejor y que ahora no estamos donde queríamos. Hacemos aflorar una disociación (cognitiva) entre la persona que quisimos ser y la que somos realmente, y esto implica una idea latente de fracaso, culpa y angustia. Así visto, el fenómeno del "olor mágico" sería primo de la regresión, y por tanto no podría darse en etapas de felicidad.
Por otra parte y de acuerdo con la tesis anterior -he aquí la buena noticia-, estos momentos de evocación inesperada nos conectan realmente con la felicidad, aunque sea en un pasado lejano. Si aprovechamos esta conexión, la sensación que experimentamos nos servirá de inspiración y nos fortalecerá ante el momento de "no felicidad" en el que nos encontramos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
sé que no debería comentar...pero me encanta...me encantas
Cuanto te entiendo
Gracias clon
Tq
Publicar un comentario