sábado, 20 de octubre de 2007

Bienvenido a mí mismo

Hoy es un buen día para dejar de hacer casi cualquier cosa. Apagado, mohíno, sombrío... Mi temperatura anímica está de lo más extrañamente variable. No recordaba una sensación de vulnerabilidad así desde hace, supongo, mucho tiempo.

Todo empezó ayer. En realidad todo empezó hace semanas... Ya..., hace meses o años, pero no es plan de irme tan lejos. Centrémonos en ayer.

Las idas y venidas en mis pérdidas de tiempo en Internet (en concreto la búsqueda de los apellidos de Yeray para enviarle unas flores con las que pedirle perdón, otra vez, por lo mismo, e hice de todo menos comprar las flores) me llevaron a encontrar el blog de un joven chileno al que he visto tan sólo una vez. No recuerdo como se llama, el chileno. Le conocí en una tarde de teatro. Entradas gratis para todos que nos consiguió Yeray. Menuda sorpresa encontrarme con el blog de este muchacho. Pero mucho más sorprendente fue empezar a sentir su vitalidad narrativa, me da igual si era afectada o no. Me paré por varios de sus posts y, en mi soledad, mis muros emocionales cedieron. Todo rezumaba tanta vida... Desde ese momento (ayer) me siento vulnerable y tengo miedo y creo que voy a volver a llorar.

No sé por qué me dan ganas de llorar tan fácilmente. No creo que sea bueno dejarnos arrastrar por estas sensaciones lacerantes, no creo que convenga al ánimo estar dándole vueltas a la tristeza. Pero, aunque muy asustado, me gusta tanto hacerlo... Es mi droga. Mi vena masoquista en acción. Es estúpido, pero me ocurre.

Madrid está ahí fuera, fuera de este cuarto de residencia militar triste y austero. El sol brilla espléndido con un color rubio subido en esta tarde de otoño temprano. Y mi cabeza quiere salir y hacer algo con lo que disfrutar y ser feliz bajo el sol, pero me siento atado a mi silla, a mi culpa, a mi necesidad de hacerme daño. Es estúpido, pero me ocurre.

Me propongo desde hoy no hablar a nadie de este blog, ocultarlo a todos, a todo. Será mi diario secreto abierto al ser anónimo a escala mundial. La paradoja de un moderno acceso de sinceridad. Para quien lo encuentre. Y sobre todo para mí.

Cuando el alma se me encoja y finja una risa o dos,
cuando la vida sea un sueño y el sueño una vida hostil,
me buscaré en el recuerdo en que el mar me acarició,
sentadito, bajo el sol,
saludando al mes de abril.
A Marita


2 comentarios:

Marita Acosta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marita Acosta dijo...
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