No tengo la solución, me siento desesperado. Nunca pensé volver así a este estado. Todo cuanto hago me recuerda a él...
Acción y perspectiva para salvarse; las emociones regatean la eficacia a los pensamientos.
La otra tarde vi llover, amigo... Malditas canciones de amor, que no me gustan. ¿Por qué se empeñan todos esos autores en extraer de sí toda la tristeza de lo más triste?
Me siento solo. Verde y solo, como una única hoja viva de un tallo seco, sin más posibilidad de movimiento ni otra perspectiva que las que ofrece el viento, fuera de mi control.
Hoy es un día para hacer, lo intento; es algo.
Maldita soledad.
Algo interesante para mi background sobre el origen de los ordenadores:
"Joseph Marie Jacquard, Mecánico e inventor francés. Hijo de un tejedor, trabajó con su padre desde la niñez en una hilandería de seda y trató de mejorar el telar, automatizándolo. Apoyado por Napoleón Bonaparte, presentó en 1805 el telar de Jacquard, máquina que permitía fabricar telas con hilos de distintos colores e intrincados dibujos mediante el uso de tarjetas perforadas, y que podía ser manejada por un solo operario. La nueva máquina fue acogida con hostilidad por los tejedores, que quemaron muchas y atacaron al autor, pero finalmente se impuso.
En 1819, el gobierno francés concedió a Jacquard una medalla de oro y la Legión de Honor. Su idea de las tarjetas perforadas fue adoptada por Charles Babbage para su máquina analítica, y por Herman Hollerith en las tabuladoras, origen de las computadoras digitales modernas."
Resulta que nuestra era digital comenzó en un telar, y casi se cargan el invento. Nunca fueron bien acogidos los cambios tan drásticos, y mucho menos si tienen tantos agujeros. Es la resistencia a abandonar la comodidad de aquello a lo que estamos acostumbrados, la resistencia al cambio. Me deja desvalido.
Hoy es un buen día para casi nada. Y siempre me levantaré, porque, si no, no tendría sentido pegarse tanto batacazo.
Tengo frío.
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