Hace ya casi un año que introduje un post sobre la oxitocina, y en estos momentos de la película me encuentro con que la información sobre esta hormona crece y crece y crece, y los comentarios y artículos divulgativos en blogs y webs dedicadas al mundo de la medicina o la psicología han aumentado de manera asombrosa. Qué varavilloso será poder darle a todos un poco de oxitocina con el complejo vitamínico que se toman a diario. El texto que reproduzco a continuación se lo copiado a un estudiante o profesor de psicología en un blog particular:
""Chico listo, porque ahora se piensa que [la oxitocina] podría jugar un papel en el tratamiento de la ansiedad, y no solo eso, tambien en el de la esquizofrenia y otros desórdenes. Si fuera así ¡una ronda para todos! Invito yo. Parece que además de jugar un papel en el abrazo y la caricia, y también en la respuesta sexual, cambia además las señales cerebrales relacionadas con las expresiones faciales, posiblemente desencadenando la actividad de la amígdala, la parte del cerebro que procesa los estímulos emocionales más importantes. Esto podría convertir a esta hormona en un potente intermediario en el comportamiento social humano. "Sabemos que mirarse a los ojos es crucial para la comunicación emocional, ya se trate de amor y confianza o de miedo y ansiedad, dice Kai MacDonald, catedrático adjunto de psiquiatría de la Universidad de San Diego (California), y también que las personas con esquizofrenia o autismo con frecuencia evitan el contacto visual y lo centran en otras partes del rostro". La teoría de los investigadores es que el uso de esta hormona podría actuar en estos enfermos aumentando los niveles de confianza y contacto emocional entre parientes y amigos.
La hormona [oxitocina] se utiliza para inducir el parto e incentivar la lactancia pero sus efectos en el cerebro solo se han empezado a comprender ahora al comprobar en diversos estudios que la oxitocina administrada en dosis intranasales reduce la activación de los circuitos cerebrales del miedo, aumentando el contacto visual, la confianza y la generosidad. "Es interesante, dice MacDonald, que quienes han tomado oxitocina dicen no sentir nada diferente, sin embargo actuan de forma diferente.""
domingo, 28 de septiembre de 2008
Retirado para deliberar
Este momento se me muestra reacio a ser ordenado, quizá debiera dejarme ejecutar en el barracón de los altos mastuerzos. ¡Todos a la horca de las crucíferas y los estúpidos!
Empezar a ser mi propia coballa, qué desastre, Mengele. ¿Pero qué debería preocuparme?
Nunca más un paso atrás. Recordar, recordar, recordar un error hacia el error que abre una pesadilla. Ser un hombre, ser un "Mensch", ése ha de ser mi único objetivo. La ataraxia deberá ser encontrada por el camino, un camino lleno de trampas, y también un camino de esperanza y dignidad, un sendero marcado por recordar que la Luna me mantiene en la Tierra.
Empezar a ser mi propia coballa, qué desastre, Mengele. ¿Pero qué debería preocuparme?
Nunca más un paso atrás. Recordar, recordar, recordar un error hacia el error que abre una pesadilla. Ser un hombre, ser un "Mensch", ése ha de ser mi único objetivo. La ataraxia deberá ser encontrada por el camino, un camino lleno de trampas, y también un camino de esperanza y dignidad, un sendero marcado por recordar que la Luna me mantiene en la Tierra.
sábado, 12 de abril de 2008
El aprendiz de Diógenes

A veces miro a mi alrededor y no me gusta lo que veo.
Ahora, por ejemplo, veo en mi habitación ropa tirada por todas partes -incluso un jersey con una camiseta gurruñada dentro de él que lleva ahí muchos días- y el escritorio abarrotado con discos y papeles desordenados. Llevo más de 24 horas encerrado aquí, comiendo frutos secos y bebiendo líquidos de botellines etiquetados con bandas de papel en las que aparece toda la gama de vitaminas y antioxidantes conocidos. Hace tres días que no me ducho.
Esto no es vida. Me gustaría vivir más una vida normal, o simplemente vivir. Encerrarse así nunca me ha demostrado que sea una solución a mis problemas, cualesquiera que sean. Es tan solo un hábito. Un mal hábito. Un hábito pernicioso y mío.
Ahora, por ejemplo, veo en mi habitación ropa tirada por todas partes -incluso un jersey con una camiseta gurruñada dentro de él que lleva ahí muchos días- y el escritorio abarrotado con discos y papeles desordenados. Llevo más de 24 horas encerrado aquí, comiendo frutos secos y bebiendo líquidos de botellines etiquetados con bandas de papel en las que aparece toda la gama de vitaminas y antioxidantes conocidos. Hace tres días que no me ducho.
Esto no es vida. Me gustaría vivir más una vida normal, o simplemente vivir. Encerrarse así nunca me ha demostrado que sea una solución a mis problemas, cualesquiera que sean. Es tan solo un hábito. Un mal hábito. Un hábito pernicioso y mío.
La lista de asuntos pendientes, si llegara a escribirla entera, ocuparía varias páginas en una libreta imaginaria y ominosa.
Yo nunca he querido llegar hasta aquí, pero aquí me hallo. En mi cabeza surge, de entre ideas de reforma, la sensación de que siempre he estado aquí y que no puedo escapar, que soy un alcohólico anónimo y degradado que purga sus males más recónditos con el alcohol-hermetismo para no tener que ver nunca lo que se esconde en la trastienda emocional.
Pero, por extraño que parezca y sin conocer exactamente si estoy en lo cierto o las causas, creo que he cambiado. Y esta vez es un cambio en la dirección correcta.
Nunca es tarde para cambiar.
martes, 8 de abril de 2008
Estímulos regresivos: ¿experiencia catártica o huida al pasado?
Probablemente te des cuenta tarde de lo mucho que habías deseado en algún momento ser feliz, y de todo lo que ocurrió o hiciste después para separarte de ese objetivo. El tiempo juega en tu contra, estrangulando el cordón umbilical que te conecta con aquellos anhelos.
En ocasiones, un simple olor -¿o es algo más que eso?- te transporta inesperadamente a los viejos tiempos, transmitiéndote una vivificante sensación de añoranza y paz interior, y te sientes de puta madre, orbitas en torno a un mundo prístino de emociones positivas y estimulantes. Deseas aprehender ese momento y retenerlo, porque hallas esperanza en él. Crees haber visto a quien fuiste, y era un ser feliz.
Al producirse este fenómeno reconocemos que aquel pasado era mejor y que ahora no estamos donde queríamos. Hacemos aflorar una disociación (cognitiva) entre la persona que quisimos ser y la que somos realmente, y esto implica una idea latente de fracaso, culpa y angustia. Así visto, el fenómeno del "olor mágico" sería primo de la regresión, y por tanto no podría darse en etapas de felicidad.
Por otra parte y de acuerdo con la tesis anterior -he aquí la buena noticia-, estos momentos de evocación inesperada nos conectan realmente con la felicidad, aunque sea en un pasado lejano. Si aprovechamos esta conexión, la sensación que experimentamos nos servirá de inspiración y nos fortalecerá ante el momento de "no felicidad" en el que nos encontramos.
En ocasiones, un simple olor -¿o es algo más que eso?- te transporta inesperadamente a los viejos tiempos, transmitiéndote una vivificante sensación de añoranza y paz interior, y te sientes de puta madre, orbitas en torno a un mundo prístino de emociones positivas y estimulantes. Deseas aprehender ese momento y retenerlo, porque hallas esperanza en él. Crees haber visto a quien fuiste, y era un ser feliz.
Al producirse este fenómeno reconocemos que aquel pasado era mejor y que ahora no estamos donde queríamos. Hacemos aflorar una disociación (cognitiva) entre la persona que quisimos ser y la que somos realmente, y esto implica una idea latente de fracaso, culpa y angustia. Así visto, el fenómeno del "olor mágico" sería primo de la regresión, y por tanto no podría darse en etapas de felicidad.
Por otra parte y de acuerdo con la tesis anterior -he aquí la buena noticia-, estos momentos de evocación inesperada nos conectan realmente con la felicidad, aunque sea en un pasado lejano. Si aprovechamos esta conexión, la sensación que experimentamos nos servirá de inspiración y nos fortalecerá ante el momento de "no felicidad" en el que nos encontramos.
domingo, 13 de enero de 2008
El fraude
Apagué la tele. Tic, tac, tic, tac, tic, tac... El hijoputa del reloj despertador, que es de esos que tienen dos campanas en lo alto como los moños de la princesa Leia pero con un martillito en medio, que no para. Me volví hacia él y lo miré con desprecio. "Que te den: yo aprovecho mi tiempo", pensé.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)