domingo, 13 de enero de 2008
El fraude
Apagué la tele. Tic, tac, tic, tac, tic, tac... El hijoputa del reloj despertador, que es de esos que tienen dos campanas en lo alto como los moños de la princesa Leia pero con un martillito en medio, que no para. Me volví hacia él y lo miré con desprecio. "Que te den: yo aprovecho mi tiempo", pensé.
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